A medida que la enfermedad avanza, los cambios de roles que desempeñan tanto el cuidador como la persona cuidada van cambiando.

En las etapas iniciales las actividades que la persona tiene la capacidad de desarrollar son mucho mayores, y por tanto la supervisión que se ofrece en el cuidado es menor. A medida que progresa la demencia, la persona tendrá más dificultad para realizar las actividades de la vida diaria. Esto requerirá que se necesiten herramientas y entornos que hagan más fáciles los cuidados. Finalmente, las personas con demencia pueden necesitar asistencia y vigilancia las 24 horas del día. Es en este momento, brindar un ambiente seguro es clave para la tarea del cuidado.

En las etapas iniciales e intermedias es cuando hay que tener especial cuidado en la prevención de los accidentes. Para ello es importante por una parte que el cuidador conozca las herramientas que están a su alcance para que el ambiente no sea un causante del riesgo, y por otra parte que sepa como poder actuar si se produce el riesgo.

El entorno debe provocar sensación de seguridad y serenidad, debe favorecer las relaciones sociales y la participación, y respetar la privacidad. Hay que recordar que además el estado emocional tiene una gran influencia en la memoria y en las funciones cognitivas.

Accede al manual para personas cuidadoras de personas con demencia del Ministerio de sanidad